El pollo dejó de ser el segundo protagonista de la mesa argentina. Con un consumo que ya ronda los 49 kilos por habitante y podría superar los 50 kilos durante este año, la carne aviar desplazó a la vacuna y alcanzó un nuevo punto de inflexión para la industria.
Mientras el consumo de carne vacuna se ubica alrededor de los 47 kilos por persona, el sector avícola enfrenta ahora un desafío diferente: encontrar en el exterior el espacio para seguir creciendo.
La producción argentina se mantiene en torno a 2,5 millones de toneladas anuales, un volumen que lleva varios años relativamente estable. Con el mercado interno acercándose a su techo, la expansión de la cadena dependerá cada vez más de su capacidad para competir internacionalmente.
DE 22 KILOS A CASI 50 POR HABITANTE
El crecimiento del pollo en la dieta argentina fue profundo. Según datos del Centro de Empresas Procesadoras Avícolas (CEPA), a comienzos de los 2000 el consumo se ubicaba en aproximadamente 22 a 23 kilos por persona al año.
En poco más de dos décadas, prácticamente se duplicó.
El precio fue uno de los factores que favoreció esa evolución, aunque la transformación también estuvo acompañada por cambios en la oferta. La industria desarrolló productos y cortes adaptados a diferentes necesidades, desde pechugas y pata muslo hasta alas y milanesas.
A esto se sumó una mayor demanda de alimentos asociados al consumo de proteínas y a nuevos hábitos alimentarios.
EL LÍMITE ESTÁ CADA VEZ MÁS CERCA
El crecimiento del consumo interno permitió consolidar a la avicultura como una de las principales cadenas de producción de proteína animal del país.
Pero el mercado argentino ya no parece suficiente para sostener una expansión significativa.
La industria produce alrededor de 2,5 millones de toneladas por año y el consumo interno se aproxima a los 50 kilos por habitante. Por eso, el próximo salto dependerá de aumentar las exportaciones y mejorar la competitividad de toda la cadena.
El acceso al financiamiento aparece entre las principales demandas del sector, especialmente para modernizar granjas, incorporar tecnología y mejorar las condiciones de producción.
EXPORTACIONES: EL DESAFÍO QUE QUEDA
El frente externo atravesó dificultades durante 2026. Hasta marzo, las exportaciones de productos avícolas comestibles habían caído 21,7% interanual en volumen, mientras que la producción registraba una baja del 5,9%.
Las restricciones sanitarias vinculadas a la influenza aviar complicaron el acceso a diferentes mercados.
Sin embargo, el escenario comenzó a recomponerse. Chile y Perú volvieron a habilitar el ingreso de productos avícolas argentinos y, desde el 17 de agosto, también se produjo la reapertura del mercado de la Unión Europea para productos frescos.
Europa adquiere relevancia adicional por el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, que contempla una cuota para productos aviares que llegará progresivamente a 180.000 toneladas.
CHINA, LA LLAVE DEL PRÓXIMO SALTO
Pero la principal expectativa de la industria está puesta en otro mercado: China.
La reapertura del gigante asiático es considerada estratégica para recuperar volumen exportador. Según CEPA, los aspectos técnicos vinculados con el Senasa ya fueron resueltos y resta la decisión de las autoridades chinas para volver a habilitar los envíos.
El atractivo no está solamente en el tamaño del mercado.
China también demanda cortes como patas, garras y alas, lo que permite aprovechar prácticamente la totalidad del animal y mejorar el rendimiento económico de cada pollo procesado.
Para la industria, colocar esos productos en mercados de alto valor puede significar una mejora importante en la rentabilidad de toda la cadena.
VIETNAM GANA PROTAGONISMO
Mientras espera el regreso al mercado chino, Argentina amplió su presencia en otros destinos asiáticos.
Vietnam concentra actualmente entre 20% y 21% de las exportaciones argentinas de carne aviar, convirtiéndose en uno de los principales compradores.
También aparecen entre los destinos relevantes Sudáfrica, la Unión Europea, Chile, Perú y distintos mercados africanos.
La estrategia del sector apunta a ampliar esa base de compradores para reducir la dependencia de mercados puntuales y construir una plataforma exportadora más estable.
EL OBJETIVO: VOLVER A LAS 300.000 TONELADAS
Durante 2025, Argentina exportó alrededor de 206.000 toneladas de productos avícolas.
Para 2026, las estimaciones del sector ubican el volumen entre 170.000 y 180.000 toneladas si China continúa sin habilitar el ingreso de productos argentinos.
El objetivo, sin embargo, está puesto más adelante: recuperar niveles superiores a las 300.000 toneladas exportadas y avanzar hacia una meta de largo plazo cercana a las 350.000.
El potencial de crecimiento queda expuesto al comparar la escala argentina con la brasileña. Brasil exporta alrededor de 5,5 millones de toneladas de carne aviar, una magnitud muy superior.
EL PRÓXIMO SALTO YA NO ESTÁ EN LAS GÓNDOLAS
La avicultura argentina consiguió algo que parecía difícil hace apenas dos décadas: el pollo pasó de un consumo de poco más de 20 kilos por habitante a acercarse a los 50 y superar a la carne vacuna.
Ahora la discusión es otra.
Con el mercado interno cerca de su techo, el desafío será transformar ese liderazgo doméstico en una plataforma exportadora capaz de generar más volumen y valor.
Para conseguirlo, la industria deberá recuperar mercados, mejorar su eficiencia, invertir en infraestructura y ampliar su capacidad productiva.
Europa volvió a abrir una puerta. Vietnam tomó protagonismo. Pero China aparece como una de las llaves decisivas para que el pollo argentino pueda dar el próximo salto internacional.
